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ZARZUELA

Lo Nuestro (III)

9 de mayo de 2024
ZARZUELA

         La situación musical a comienzos del s. XIX no cambió sustancialmente con respecto a la centuria anterior: Italia dominaba el panorama escénico de toda Europa, y España no sería una excepción, toda Europa cantaba en italiano. 

         A partir del segundo cuarto del s. XIX comienzan a escucharse a algunas voces que reivindican a compositores y libretistas españoles con capacidad para sustituir la ópera italiana. Aunque también es cierto que estos compositores: Ramón Carnicer, Arrieta o Hilarión Eslava, estaban muy influidos por ese repertorio.

         La exigencia de un panorama escénico autóctono español se veía reforzada por un renacimiento del teatro nacional con autores como el Duque de Rivas, Zorrilla o Antonio García Gutiérrez. Será Hilarión Eslava quien presida en 1847 el comienzo del nuevo género a través de la presidencia de una asociación llamada La España Musical: un grupo de jóvenes compositores en los que se encuentran nombres como Rafael Hernando, Joaquín Gaztambide, Cristóbal Oudrid, José Inzenga o Francisco Asenjo Barbieri, y  cuyo objetivo es dotar a España de un género lírico nacional, cantado en español pero con el formato y las pretensiones de la ópera europea. 

         La España Musical pide ayuda a la corona a través de un escrito titulado  Informe a S.M. la Reina sobre la necesidad de crear un teatro para la ópera en español.  Hay que señalar expresamente el uso de la palabra ópera,  y no zarzuela, ya que ese era el objetivo real de este grupo de compositores: la sustitución de la ópera italiana por una española de nuevo cuño.

         Pronto asumieron estos jóvenes compositores que sus propósitos estaban destinados, de momento, al fracaso, ya que una ópera a la europea cantada en español, siguiendo los modelos de Rossini, Donizetti o Meyerbeer no tenían cabida en un público   sin apenas tradición en cuanto a género lírico en su lengua materna se refiere y reacio a aceptar unas obras que no fueran cantadas en italiano. Este proyecto de la ópera en español tendría que ser aplazado, pero tampoco era viable seguir dejando reducida la escena lírica en español a la Tonadilla Escénica. 

         La solución fue la Zarzuela Moderna, un género híbrido, cantado en español, en verso, evitando los recitativos y con números musicales cerrados.  En realidad  un acuerdo estético entre las pretensiones operísticas de este grupo de compositores y su resignación pragmática al observar la realidad. 

         Aunque siempre es complejo marcar una fecha exacta para el comienzo de un género artístico, en este caso suele fijarse de manera muy concreta  el seis de octubre de 1851, día del estreno en el Teatro  Circo de Madrid de Jugar con Fuego de Francisco Asenjo Barbieri. Comienza aquí la historia de la Zarzuela grande, la zarzuela romántica, estructurada en dos o tres actos y llena de grandes temas: el amor, el honor,  la lealtad, la pasión los celos…recreando un pasado español a veces remoto, o incluso ubicada en otros países. 

         La sociedad española había encontrado una forma de teatro lírico que satisfacía sus necesidades, una sociedad que va a ir marcando de forma taxativa el camino de este género.  El gusto del públicoserá siempre el faro que alumbre sus cambios estéticos,  y sus autores, quienes a menudo formen compañía propia, estarán muy atentos a aquellos: del éxito de taquilla dependía la continuación de su trabajo.

         Aún con hitos como la inauguración del Teatro de la Zarzuela en 1856, la primera etapa de la Zarzuela, en torno al tercer cuarto del s. XIX,  va a tener que sobrevivir a unos años convulsos en lo político y en lo financiero. En esta primera generación de zarzuelistas  destacan obras de Rafael Hernando (Colegialas y Soldados), de Joaquín Gaztambide (Los Madgyares, Catalina) y  Cristóbal Oudrid (El postillón de la Rioja, El Molinero de Subiza) hoy tristemente olvidadas. Pero sin duda el nombre que sobresale, y muchas de cuyas obras permanecen en el repertorio, es el de Francisco Asenjo Barbieri, quien no solo destaca como compositor sino como director de orquesta o investigador (recuérdese su redescubrimiento del Cancionero Musical de Palacio). Obras como Los Diamantes de la Corona, Pan y Toros o el Barberillo de Lavapiés son, sin duda, obras cumbre del género, a cuyo nivel artístico no  se llegará a menudo en los años venideros de la Zarzuela.

         En torno a 1875, recién subido al trono Alfonso XII y comenzado el periodo de la Restauración, se inicia una nueva etapa de la historia de la Zarzuela caracterizada por el nacimiento y auge del Género Chico, cuyo terminología ya se aclaró en el primer artículo de esta serie. Fue un periodo de mínima estabilidad económica que permitió la consolidación de cierta clase media y pequeña burguesía a quien va a ir dirigido este nuevo subgénero. 

         Su origen hay buscarlo en la crisis económica surgida en torno a la Gloriosa y la subsiguiente incapacidad de los teatros para poder llevar a cabo grandes producciones de dos y tres actos: era necesario crear un género teatral pequeño, que no ocupe más de una hora, y por tanto, de menor coste. Este género dramático, el Teatro por Horas, saltó inmediatamente al terreno lírico creando nuestro Género Chico, siendo el receptáculo de muchos subgéneros de teatro breve que habían confluido  en el Sainete, que aun teniendo su origen más cercano en el siglo anterior y sus ancestros en el Entremés del Siglo de Oro, fue el centro de la producción teatral y lírica del último cuarto del siglo XIX. Aun existiendo numerosos títulos para denominar a las obras del Género Chico (Pasillo Cómico, Juguete Cómico, Revista, Zarzuela Chica, Parodia Dramática…) en realidad todas compartían ciertas características: 

1. El costumbrismo: las escenas de costumbres y situaciones, haciendo al público verse reflejado en el escenario, sin duda fue el mayor acierto para el      éxito de         estas obras. 

2. Los grandes temas son abandonados en favor de los asuntos del día a día,       de      los problemas de la sociedad que está sentada en el patio de butacas.        Pero tal       como ya apunté en el primero de esta serie de artículos, no hemos         de caer en la trampa de creer que los libretos era un reflejo fiel de la   sociedad que los vio       nacer.

3. El lenguaje utilizado por los personajes es el cotidiano, con formas de    expresión popularesy en muchos momentos imitando los acentos regionales e incluso  la diferenciación de lenguaje  entre clases sociales.

4. Musicalmente el folklore va a jugar un papel determinante, tanto el urbano como de ámbito rural.

Aunque se siguieron escribiendo zarzuelas grandes destinadas a unos pocos teatros con mayores posibilidades, el último cuarto del s. XIX está indisolublemente unido al género chico del que se llegaron a estrenar unas tres mil obras, lo que nos pueda dar una muestra de la enorme variedad que podemos encontrar. En medio de esa vasta producción destacan cinco nombres, fundamentales en la historia de la Zarzuela y que forman el núcleo del repertorio de Género Chico:

  1. Federico Chueca, compositor madrileñista por antonomasia, La Canción de la Lola, El año pasado por agua y sobre todo La Gran vía, consagraron a Chueca con un fenómeno de masas y una primera figura del teatro lírico.
  2. Ruperto Chapí. A pesar de sus intentos como compositor de zarzuela grande, fruto de los cuales nacieron obras fundamentales de nuestro género lírico como El Rey que rabió, La Bruja o El Milagro de la Virgen o la “casi ópera” Curro Vargas, este villenense ha estado presente  en el repertorio gracias a obras de pequeño formato como La Chavala, La Patria Chica, El Puñao de Rosas o la Revoltosa. 
  3. Tomás Bretón, al igual que Chapí tuvo como objetivo la constitución de una ópera nacional, título de un famoso discurso leído el catorce de mayo de 1896 ante la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Pero por paradojas del destino pasaría a  la posteridad como el compositor de una obra, en la que en  él mismo no tuvo mucha fe, y que a la postre se convirtió en la cumbre del género: La Verbena de la Paloma.
  4. Gerónimo Giménez no tuvo el favor del público madrileño, juez definitivo e implacable en la carrera de los zarzuelistas, hasta el estreno de dos obras hermanas El Baile de Luis Alonso y La Boda de Luis Alonso. Y sin duda ha sido uno de los autores que más éxito ha cosechado con fragmentos orquestales extraídos de sus obras.
  5. Manuel Fernández Caballero:  con éxitos rotundos en la zarzuela grande como Los Sobrinos del Capitán Grant, parece que encontró su vía creativa más acertada en la última década del s. XIX legándonos  joyas del género chico como Chateau Margaux, La Viejecita, El Dúo de La Africana o Gigantes y Cabezudos. 

(continuará…)

Lo Nuestro (II)

9 de mayo de 2024
ZARZUELA

            Los orígenes de la Zarzuela se remontan a comienzos del s. XVII. Felipe IV y sobre todo su hermano el Infante Fernando de Austria fueron muy aficionados a los espectáculos teatrales donde se mezclaban textos recitados y cantados. El origen del término zarzuela se relaciona con el lugar donde se solían representar estos espectáculos: el pabellón de caza del real Sitio del Pardo, conocido como de la Zarzuela por la abundancia de zarzas a su alrededor.

            El nacimiento de estos espectáculos musicales representados no fue, por supuesto, exclusivo de España. De hecho fue en Italia a finales del siglo anterior donde se comienzan a componer este tipo de obras teatrales con textos cantados (en un supuesto renacimiento de las obras teatrales de la Grecia clásica.) Fueron los compositores y escritores en torno  a la Camerata Fiorentina del Conde Bardi los que pusieron la primera piedra del género operístico.       

            En España estas obras teatrales que alternaban texto cantado y recitado  tuvieron muchas denominaciones: representación, farsa, égloga, loa, comedia tragedia, mojiganga…Pero con carácter general hoy las denominamos Zarzuela Barroca. 

            Los comienzos de la Zarzuela Barroca estuvieron marcados por la colaboración en libreto de grandes escritores del momento, y de todas la historia de la literatura española: Lope de Vega realiza el libreto de La Selva sin Amor, con música de Filippo Piccinini, obra estrenada en 1627. Y sobre todo fue Calderón de la Barca quien más destacaría como libretista de las primeras zarzuelas: El Jardín de Falerina estrenada en 1628 con música de Juan Risco fue una de las más conocidas, pero también escribió otros títulos como La Púrpura de la Rosa, Celos aún del aire matan, El Mayor Encanto Amor, Fiesta Grande Cantada…

            He de decir que apenas se conservan la parte musical de estas obras, exceptuando algunos fragmentos de Juan Hidalgo, colaborador de Calderon.

            En ningún caso podemos creer que esta música tiene relación temática o musical con la zarzuela que habitualmente es entendida como tal, es decir la moderna del s.XIX y XX, más allá en la alternancia de textos cantados y recitados. Como características generales de estas obras podemos decir:

            a) Era un género eminentemente cortesano y de las clases altas, muy          localizado en torno a Madrid.

            b) Sus temas, al contrario que la zarzuela del s. XIX, nunca eran populares, folklóricos o de carácter regionalista, todo lo contrario, estaban lleno de        héroes, de mitología con episodios dramáticos y un lenguaje altisonante. 

            A finales del s XVII comienza cierto interés por acercar el lenguaje de la zarzuela a lo popular desembarazándose de esas fuentes mitológicas. A la vez que se comienza a introducir elementos propios de las clases populares españolas. Todo esto queda truncado a comienzos del s. XVIII, momento en el que comienza en España la devoción por el el arte Italiano, y en particular por la ópera.

            Esto no fue algo casual y está íntimamente ligado a la historia de nuestra monarquía:  Carlos II no tiene descendencia, la Guerra de Sucesión (1701-1713) que finaliza con el Tratado de Utrech provoca la entrada de los Borbones, el primero de ellos, Felipe V,  tuvo dos esposas italianas: Maria Luisa Gabriela de Saboya e Isabel de Farnesio. Fernando VI, hijo de Felipe V y su primera mujer, trae a  España a instancias de su esposa , María Bárbara de Braganza,  a Carlo Broschi Il Farinelli y a Domenico Scarlatti. Más adelante Carlos III será rey de Nápoles y de Sicilia, a su vez su hijo Carlos IV se casará con una italiana,  María Luisa de Parma. Todos estos motivos son más que suficiente para entender que el arte Italiano, y más concretamente la música,  va a inundar España durante el s. XVIII.

            Durante este siglo la zarzuela tal como se conocía, prácticamente desaparece, se impone la ópera italiana que convive con un género popular llamado Tonadilla Escénica.  Habitualmente se coloca a la Tonadilla como anteceden dieciochesco de la zarzuela moderna, algo muy matizable: la zarzuela y la Tonadilla son dos géneros distintos y que ocupan un lugar artístico diferente. La Tonadilla es un género menor y no sólo por sus dimensiones sino también por sus pretensiones artísticas, pero no por ello deja de ser menos importante en las historia del teatro musical español

Come características generales de la Tonadilla Escénica podemos decir:

            1. No era un espectáculo en sí mismo sino un intermedio de la representación     de una comedia, cumpliendo la función del sainete, del baile o del entremés,         de similares características al intermezzo italiano que cultivaran compositores          como Pergolesi.

2. Su duración estaba en torno a treinta minutos de duración.

3. Los compositores más destacados fueron Manuel García y Blas de Laserna.

4. La temática de sus textos, por regla general fueron los cuadros de costumbres y la sátira popular.

 La tonadilla Escénica fue un género muy apreciado en su época, a la vez que prolífico: se conservan alrededor de dos mil  Tonadillas en la Biblioteca Nacional. José Subirá, el mayor especialista en estas obras, afirmaba que fue la manifestación lírica española más sobresaliente de la segunda mitad del s. XVIII. Aunque algunos intelectuales del momento se posicionaron en contra de estas obras  denunciando  su falta de miras artísticas y ramplonería, como muestra valga este fragmento de una famosa carta que Leandro Fernández de Moratín dirige a Godoy: “la música teatral está, como los demás ramos, atrasada y envilecida; ni es otra cosa en la parte poética que un hacinamiento de frialdades, chocarrerías y desvergüenzas; en la parte musical, un conjunto de imitaciones inconexas, sin unidad, sin carácter, sin novedad, sin gracia y sin gusto”

(continuará…)

Lo Nuestro (I)

9 de mayo de 2024
ZARZUELA

Seguro que te has cruzado con algún conocido, familiar o amigo que te comenta su sorpresa y posterior satisfacción al haber acudido a un espectáculo teatral en el que se unía música en directo, texto hablado y cantado, decorados, números de baile… Cuya trama podía consistir en temas tan peregrinos como las aventuras de cierto león en la sabana, un grupo sueco de pop o un cantante de éxito de hace algunos años.  Cuando soy el receptor de estos entusiastas comentarios sobre musicales mi respuesta siempre es la misma: ¡cuánto me alegro!, en España hacemos estos espectáculos hace cuatrocientos años y se llaman Zarzuela.

Nunca ha sido más necesaria una defensa de nuestra zarzuela como ahora, y no por un chovinismo huero sino por una razón de peso que se impone ante los ojos de todos sus seguidores: estamos en el momento de mayor desconocimiento sobre zarzuela de toda la historia del género. Un patrimonio que sobrepasa las diez mil obras.

Y aunque más allá de nuestras fronteras existen oyentes e incluso algún aguerrido defensor de nuestro género lírico, corresponde al pueblo que la hizo nacer la obligación de preservarla, difundirla y darle el estatus que se merece dentro de nuestro patrimonio musical. Por supuesto que se ha venido haciendo actividades loables en torno al género: congresos, monografías, publicaciones de partituras completas para orquesta, grabaciones…. Pero siempre me gusta recordar que la zarzuela fue un género que formó parte de la vida cotidiana del pueblo y de la pequeña burguesía, mientras que hoy ha quedado arrinconada entre cuatro nostálgicos y algunos investigadores universitarios impertérritos. 

Las causas que han abocado al género a la presente   situación son en gran parte de carácter sociológico. Actualmente nos encontramos  en la era de la sobrecarga en casi todos los aspectos  de nuestras vidas, hay de todo, en grandes cantidades y  en todas las parcelas del gusto y de las aficiones. En este punto de mi narración creo  absolutamente necesario un paréntesis  para denunciar una confusión en la que la sociedad occidental lleva inmersa bastantes años: la mezcolanza de ocio y cultura. Lo primero son actividades mentalmente reposadas que cubren nuestro tiempo entre otras tareas de más enjundia y responsabilidad, lo segundo implica siempre conocimiento, pensamiento crítico, y por deducción etimológica cultivo (del espíritu). Espero me perdones esta digresión, quizás un tanto pedante, de filosofía de bajo coste, pero la creo absolutamente necesaria para entender qué es la cultura  y  como hoy en día se ha convertido en una opción más, en realidad muy pequeña, de nuestro tiempo de ocio: franja de nuestras vidas en la que se amalgaman el cine, el futbol, el senderismo, los bestsellers, la radio, cientos de cadenas de televisión con infinitas propuestas de series, las consolas de videojuegos, las redes sociales… Hoy en día la zarzuela, y en realidad toda la música de creación,  es un barquito de papel en medio de una tormenta oceánica. 

Pero no lo fue para nuestros ancestros del s. XIX y principios del XX mucho más escasos en posibilidades de ocio (y cultura) que nosotros: el ir al teatro fue una actividad capital de sus vidas, que por supuesto  tenía un componente social, pero que constituía una parte esencial de su tiempo de ocio, esta vez sí, sustentado en la cultura. Tampoco debemos caer en la trampa del elitismo, donde ese  ir al teatro  estaba reservado para unas minorías de pudientes. En torno a principios del s. XX podías entrar a una función de género chico por un precio mucho más asequible de lo que hoy nos puede costar ir al teatro.

Para empezar este paseo por el mundo zarzuelístico es obligado hacer algunas aclaraciones conceptuales y terminológicas:

  1. Debemos diferenciar entre: 
  2. Zarzuela Barroca. Es decir, la compuesta en el s. XVII y principios del SVIII.
  3. Zarzuela Moderna o Romántica. La que en realidad todo el mundo conoce como zarzuela: aquellas compuestas entre mediados del s. XIX hasta poco después después de la Guerra Civil.
  4. ¿Qué es una zarzuela? 
    1. .Como principio general podemos decir que es un espectáculo mixto de teatro y música donde  existe una alternancia de escenas cantadas con otras declamadas.
    1.  La alternancia de textos cantados y recitados no es patrimonio exclusivo de la zarzuela: el singspiel alemán o la ópera comique francesa poseen partes recitadas, y sin embargo se les considera ópera. Lo cual significa que esa alternancia no es suficiente para definir una obra como zarzuela.
    1.  Lo que une a todo el repertorio es el idioma y el carácter, que no el tema,  español
    1.  La zarzuela es un género eminentemente español, nace y permanece aquí, exceptuando algunas obras hispanoamericanas.
  • Una de las confusiones más generalizadas está en torno a los términos zarzuela y género chico. Muchas personas confunden estos términos, tratándolos  como sinónimos: la zarzuela sería un género chico, o menor en intenciones, profundidad o calidad en contra de un género grande que sería la ópera; esto es absolutamente falso. Los términos género chico frente a género o zarzuela grande, obedece a una diferenciación que atiende exclusivamente a las dimensiones de las obras: la primera normalmente en un acto y de una hora de duración y la segunda en dos o más actos y de mayor extensión.

Uno de los aspectos que pueden ser causantes del divorcio de la zarzuela con el público de hoy en día es el que concierne a la temática y a las historias tratadas en los libretos: muy alejadas de la sociedad actual, con ciertos tópicos a veces casi vergonzantes para nuestra mentalidad, y a veces con un desarrollo literario mediocre. Pero nunca debemos caer en la trampa de pensar que las historias de la zarzuela moderna eran un reflejo de la España que la vio nacer, que eran un estudio sociológico riguroso de sus contemporáneos, nada más alejado de eso. Estos libretos presentaron una sociedad de vidas idealizadas, donde la moza siempre encontraba un marqués para casarse y los entuertos de celos eran solucionados cantado una jota. Si queremos saber cómo fue la España del s. XIX siempre será más recomendable acudir a Pérez Galdós. 

(continuará)

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