Seguro que te has cruzado con algún conocido, familiar o amigo que te comenta su sorpresa y posterior satisfacción al haber acudido a un espectáculo teatral en el que se unía música en directo, texto hablado y cantado, decorados, números de baile… Cuya trama podía consistir en temas tan peregrinos como las aventuras de cierto león en la sabana, un grupo sueco de pop o un cantante de éxito de hace algunos años. Cuando soy el receptor de estos entusiastas comentarios sobre musicales mi respuesta siempre es la misma: ¡cuánto me alegro!, en España hacemos estos espectáculos hace cuatrocientos años y se llaman Zarzuela.
Nunca ha sido más necesaria una defensa de nuestra zarzuela como ahora, y no por un chovinismo huero sino por una razón de peso que se impone ante los ojos de todos sus seguidores: estamos en el momento de mayor desconocimiento sobre zarzuela de toda la historia del género. Un patrimonio que sobrepasa las diez mil obras.
Y aunque más allá de nuestras fronteras existen oyentes e incluso algún aguerrido defensor de nuestro género lírico, corresponde al pueblo que la hizo nacer la obligación de preservarla, difundirla y darle el estatus que se merece dentro de nuestro patrimonio musical. Por supuesto que se ha venido haciendo actividades loables en torno al género: congresos, monografías, publicaciones de partituras completas para orquesta, grabaciones…. Pero siempre me gusta recordar que la zarzuela fue un género que formó parte de la vida cotidiana del pueblo y de la pequeña burguesía, mientras que hoy ha quedado arrinconada entre cuatro nostálgicos y algunos investigadores universitarios impertérritos.
Las causas que han abocado al género a la presente situación son en gran parte de carácter sociológico. Actualmente nos encontramos en la era de la sobrecarga en casi todos los aspectos de nuestras vidas, hay de todo, en grandes cantidades y en todas las parcelas del gusto y de las aficiones. En este punto de mi narración creo absolutamente necesario un paréntesis para denunciar una confusión en la que la sociedad occidental lleva inmersa bastantes años: la mezcolanza de ocio y cultura. Lo primero son actividades mentalmente reposadas que cubren nuestro tiempo entre otras tareas de más enjundia y responsabilidad, lo segundo implica siempre conocimiento, pensamiento crítico, y por deducción etimológica cultivo (del espíritu). Espero me perdones esta digresión, quizás un tanto pedante, de filosofía de bajo coste, pero la creo absolutamente necesaria para entender qué es la cultura y como hoy en día se ha convertido en una opción más, en realidad muy pequeña, de nuestro tiempo de ocio: franja de nuestras vidas en la que se amalgaman el cine, el futbol, el senderismo, los bestsellers, la radio, cientos de cadenas de televisión con infinitas propuestas de series, las consolas de videojuegos, las redes sociales… Hoy en día la zarzuela, y en realidad toda la música de creación, es un barquito de papel en medio de una tormenta oceánica.
Pero no lo fue para nuestros ancestros del s. XIX y principios del XX mucho más escasos en posibilidades de ocio (y cultura) que nosotros: el ir al teatro fue una actividad capital de sus vidas, que por supuesto tenía un componente social, pero que constituía una parte esencial de su tiempo de ocio, esta vez sí, sustentado en la cultura. Tampoco debemos caer en la trampa del elitismo, donde ese ir al teatro estaba reservado para unas minorías de pudientes. En torno a principios del s. XX podías entrar a una función de género chico por un precio mucho más asequible de lo que hoy nos puede costar ir al teatro.
Para empezar este paseo por el mundo zarzuelístico es obligado hacer algunas aclaraciones conceptuales y terminológicas:
- Debemos diferenciar entre:
- Zarzuela Barroca. Es decir, la compuesta en el s. XVII y principios del SVIII.
- Zarzuela Moderna o Romántica. La que en realidad todo el mundo conoce como zarzuela: aquellas compuestas entre mediados del s. XIX hasta poco después después de la Guerra Civil.
- ¿Qué es una zarzuela?
- .Como principio general podemos decir que es un espectáculo mixto de teatro y música donde existe una alternancia de escenas cantadas con otras declamadas.
- La alternancia de textos cantados y recitados no es patrimonio exclusivo de la zarzuela: el singspiel alemán o la ópera comique francesa poseen partes recitadas, y sin embargo se les considera ópera. Lo cual significa que esa alternancia no es suficiente para definir una obra como zarzuela.
- Lo que une a todo el repertorio es el idioma y el carácter, que no el tema, español
- La zarzuela es un género eminentemente español, nace y permanece aquí, exceptuando algunas obras hispanoamericanas.
- Una de las confusiones más generalizadas está en torno a los términos zarzuela y género chico. Muchas personas confunden estos términos, tratándolos como sinónimos: la zarzuela sería un género chico, o menor en intenciones, profundidad o calidad en contra de un género grande que sería la ópera; esto es absolutamente falso. Los términos género chico frente a género o zarzuela grande, obedece a una diferenciación que atiende exclusivamente a las dimensiones de las obras: la primera normalmente en un acto y de una hora de duración y la segunda en dos o más actos y de mayor extensión.
Uno de los aspectos que pueden ser causantes del divorcio de la zarzuela con el público de hoy en día es el que concierne a la temática y a las historias tratadas en los libretos: muy alejadas de la sociedad actual, con ciertos tópicos a veces casi vergonzantes para nuestra mentalidad, y a veces con un desarrollo literario mediocre. Pero nunca debemos caer en la trampa de pensar que las historias de la zarzuela moderna eran un reflejo de la España que la vio nacer, que eran un estudio sociológico riguroso de sus contemporáneos, nada más alejado de eso. Estos libretos presentaron una sociedad de vidas idealizadas, donde la moza siempre encontraba un marqués para casarse y los entuertos de celos eran solucionados cantado una jota. Si queremos saber cómo fue la España del s. XIX siempre será más recomendable acudir a Pérez Galdós.
(continuará)